Todos los elementos deben combinar y formar una unidad. Bajo este principio básico, un grupo de creadores de entre 1960 y 70 inventó una nueva forma de expresión basaba en la condensación, como reacción a las estridencias y excesos del pop.

El triunfo del minimalismo
El término minimal se utilizó por primera vez en 1965 y fue el filósofo Richard Wolheim el que lo usó para calificar las pinturas del artista Ad Reinhart, contrarias al uso del color y a los excesos comerciales del arte pop. Rápidamente, esta corriente se extendió a otras áreas creativas. Los conceptos más simples y los espacios libres cautivaron a los arquitectos más importantes del siglo XX, cuya influencia aún se deja sentir.

Preceptos que no siempre tienen acento oriental
Pronto esta corriente estética se propagó a campos muy diferentes de la pintura y llegó a la decoración, primero sólo con influencias orientales, especialmente japonesas. Con el paso del tiempo, la ausencia de lo accesorio y el gusto por el silencio decorativo se han convertido en las grandes bases del minimalismo, tendencia capaz de convivir con estilos decorativos muy diversos.

Ambiente despejado con líneas industriales
Los elementos accesorios quedan reducidos a su expresión más mínima. Lo secundario desaparece o queda oculto. El minimalismo se adapta a nuestros días entrando de lleno en espacios muy actuales como este loft, cuya estrecha cocina se ha resuelto de forma inteligente. Lo que en pintura se conoce como El Arte del Silencio se traduce a condensación de elementos y colores en decoración.

Y también en la casa de la playa
El triunfo del minimalismo en decoración se sustenta en varias razones: el menos es más se convierte en un argumento que casi todo el mundo puede y sabe aplicar. Además, permite decorar con menos piezas y crear ambientes relajantes y despejados. Los apartamentos y casas en la playa son espacios perfectos para esta corriente, que apuesta por pocas piezas y grandes espacios.

Minimalismo y pocos metros: una unión productiva
Los pequeños apartamentos se convierten en un buen lienzo para esta corriente que, frente al arte de la apariencia, desarrolla una estética individual y privada. Así, igual que los artistas minimalistas redujeron al máximo los elementos de su arte, los decoradores condensan en pocos elementos sus creaciones. Esta habitación del hotel BlaueGans de Salzburgo es un buen ejemplo de ello.

El rústico minimalista es posible
¿Y por qué no? Este amplio espacio del Hotel Blau Gans de Salzburgo cumple con muchos de los principios básicos del minimalismo. Ausencia de contenido formal, negación de cualquier efecto de ilusión, máxima sencillez, superficies monocromáticas, utilización directa de materiales apenas manipulados, colores neutros, búsqueda de lo esencial a través de contrastes y huida del exceso y la saturación.
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