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El marrón destaca por la facilidad que tiene para combinar con cualquier color, ya que nos hemos acostumbrando a él debido a la presencia de los muebles de madera. Psicológicamente da la impresión de seguridad, estabilidad, practicidad, sensatez y experiencia. Es, por tanto, un representante de la elegancia más clásica, sobre todo si se le acompaña de blancos y beiges.
Los tonos claros resultan más femeninos y alegres, mientras que los oscuros son más masculinos y severos. En cualquier caso, el aire señorial y sofisticado es común a ambos extremos. Sin embargo, sus usos son diversos, puesto que puede acoplarse tanto a estilos rústicos, coloniales o provenzales como a los étnicos, tan en boga en la actualidad.
Uso polivalente
Una persona que se incline por el marrón denotará madurez personal, un sereno equilibrio entre mentalidad y emotividad y un pleno desarrollo de su personalidad. Al mismo tiempo, la gama clara constituirá un recuerdo de los tiempos de la infancia ya pasada, pero no por ello olvidada.
Su ilimitada capacidad para conjuntar le hace ser uno de los colores predilectos de los decoradores, en el sentido de que puede aportar viveza y luz o bien tranquilidad, naturalidad e intimidad. Para navegar a través de este mar de posibilidades únicamente hemos de saber elegir los tonos idóneos para cada ocasión.
Buenos acompañantes
Para combinarlo, destacamos algunas elecciones especialmente interesantes. El azul, preferentemente en sus versiones más suaves, potenciará aún más el ambiente de sofisticación. Por su parte, el amarillo impresionará por su dinamismo y originalidad, sin perder por ello distinción.
Su versatilidad no disminuye a la hora de aparecer en las diferentes partes de la casa. Nos servirá tanto para la cocina como para los diferentes dormitorios y salones, así como para los pasillos. Incluso las tendencias más modernas le han incluido como tonalidad dentro del plato de ducha para el baño.
Naturaleza en tu casa
Precisamente, la madera será una de las principales fuentes de marrón en nuestro hogar, y dentro de ella el abanico es prácticamente interminable. Si la habitación necesita iluminación, el abedul posee una de las más claras que podrás encontrar, aportando esa claridad que deseas.
Si lo que tratas de lograr es dar sensación de calidez y un espacio confortable y hogareño, el iroco posiblemente sea lo que mejor te venga. Además, pese a ser más oscuro que el abedul, no restará nada de luz natural a la estancia que vayas a decorar.
Sin pasarse
Cuanto más nos aproximemos al negro mayor será la impresión de gravedad que daremos, llegando incluso al punto de producir efectos depresivos o de aislamiento y soledad. Tendremos que evitar esto sobre todo en salones y dormitorios, lugares que deberán invitar a un mayor optimismo y favorecer la comunicación.
Para que esto no ocurra, cuando dispongamos de un mobiliario oscuro, por ejemplo de color wengué, procuraremos vestir paredes, suelos y tapicería de color blanco, preferiblemente un blanco roto, que combinará aún mejor. De esta forma eludiremos las posibles connotaciones negativas de un exceso en el empleo del marrón. Si te atreves, puedes probar con tonos más chillones, como el verde lima y el naranja. El burdeos y los granates es mejor reservarlos para grandes estancias.
En el Feng Shui representa la tierra, junto a las cerámicas, las piedras, el cristal, el mármol y los tonos terracota. Asimismo, las formas cuadradas también le son propias debido a su aportación de serenidad. Un salón que una todos estos elementos será un perfecto remanso de paz para sus ocupantes. |